GENTE COMÚN
Tenemos la firme convicción de que hay mucha gente interesante más allá de la celebridad y de los lugares comunes ofrecidos diariamente por los medios. Proponemos una serie de entrevistas con ciertas personas que no han sido elegidas por méritos o curiosidades habituales, sino por la intuición de que pueden más fácilmente transmitir algo fundamental en sus existencias. Se trata, ni más ni menos, de bucear en lo insólito del día a día de gente común y, precisamente por eso, excepcional. Con estas grabaciones pretendemos compartir las convicciones y las obsesiones de ciertos individuos con una gran capacidad para compartir verdades que dan o han dado sentido a sus vidas. Se busca aquí el interés que puede despertar cualquiera, tratando de encontrar los impulsos profundos que mueven y hacen diferentes a estas personas. Todas ellas tienen en común la misma franqueza y sinceridad a la hora de mostrarnos sus fortalezas y sus debilidades.
El sermón desde el monte Castellar
Entrevista con un iluminado cuyo sueño es revelar la verdad que encierra en su corazón desde el monte que hay junto a su pueblo con un sistema de megafonía que haga escuchar al mundo su profecía

El pintor de las cavernas
Un pintor que durante muchos años ha vivido en cuevas de Canarias y Baleares, dando más importancia a la relación directa con la naturaleza que a las comodidades de un hogar normal, nos cuenta sus incursiones en la locura y sus dificultades para no dejarse llevar por pulsiones que lo sobrepasan.
Hola Efrén:
Lo primero quería agradecerte que hayas hecho de correo con Juan. Espero que no te hayamos robado demasiado tiempo.
A continuación tienes el texto que me pidió para su exposición. No sé si será demasiado breve o demasiado largo; el caso es que no concretó demasiado. En fin, allá va. Insisto: muchas gracias por todo.
Un saludo

Juan Peña
Vemos aquí la geometría oculta del paisaje, el paisaje oculto en la geometría. Minuciosa, despreocupada proporción de la materia, formas y cualidades intercambiando resquicios del espacio. Constructivismo por el que asoma el avatar jovial de la materia, recién surgida del vacío, resbalando sobre la blanca superficie de la nada.
El cuadrado como antorcha de El Lissitzky, inaugura arquitecturas, recupera la nada interminable. Tras la delicada capa de la apariencia entrevemos la manifestación de lo invisible. Una tensión anuncia que donde algo está sucediendo hay un orbe a punto y otro que se despide. Son, por tanto, instantáneas de todas las posibilidades que anidan en el momento: la existencia de pie, junto a la inexistencia, la carencia junto a la plenitud.
Cuando el hombre domeña el espacio, y construye ahí las redes de su estancia, su observatorio nervioso, punto central sobre el que cortan las líneas del universo, las ramificaciones de una erosión que abre y penetra la ausencia, los nervios abandonados en la deriva de los cielos, suele salir un laberinto, único lugar donde todo es centro. De modo natural el hombre se enreda, creando un lugar donde perderse. Aquí tenemos esos laberintos planos, donde la propia textura del color se convierte en un lugar que conoce la materia sobre la que se imprime, un color que ya es artista antes que el artista, lleno de un saber que luego recoge el pintor, al que obedece.
Mundo habitado por duendes campesinos y herreros, que dan la espalda al sol y a su sombra, abriendo puertas en las montañas, celebrando las piedras, entrando sigilosamente en la soledad de los árboles, acurrucándose al final de la erosión, en los pliegues del terreno que toma su tiempo para quebrarse. Mundo donde el agua es una llave: el mar abre los portones, el rocío las gateras por donde las flores y las hojas diminutas se escapan de las noches y entran en ese laberinto de cruces insospechados.
Los ríos descubren interminablemente valles (descubrir: crear).
Convertir todo en puertas y ventanas, huecos de franca opacidad, por donde poco a poco la transparencia va cayendo en la materia. Abstracción que abre la realidad, figuración que la cuaja. Rostro de una estrella que nace, rostro del paisaje, de los semejantes, surcados todos por un remoto apetito de presencia próxima. Rostro que no traiciona ninguna máscara, que todas las máscaras desvelan, revelan, positivan.
Hay quien persigue la gravedad, quien es perseguido por ella. Fiel a su mandato, por no dejar nunca de caer, se hace ligero, vilano, flor del cardo que vuela. Así, estas “construcciones” de Juan Peña rondan siempre una caída que sube, una entrada que sale.
los ríos descubren interminablemente valles (descubrir: crear),
por una gravedad.
constr
Tensión del espacio, su piel tersa, y su piel arrugada uye
Hay en la parte constructivista
geometría de un.
Puertas que dan
Casas arquitectura
El nacimiento de una estrella

Un griego en la plaza Vara del Rey
La sabiduría de un hombre corriente para quien cualquier plaza puede ser un ágora.
Con los pies en la tierra
Un guarda de caza nos cuenta su intimidad con la noche, con la divinidad de los animales, las voces del silencio, sus miedos, su necesidad de tener siempre un pie tocando la tierra y las dificultades para vivir fuera de un entorno natural.
Dickinson
Más la natura es aún una extraña
Menos conocen, conociéndola
Quienes más se le acercan











